Inteligencia Colectiva

12 febrero, 2018 Escuela de Psicología

Esto nos da identidad y seguridad. Lograr articular una manera de gobernarnos de forma colectiva es un paso de evolución mayor, que requiere ir más allá de una emoción compartida y agregarle racionalidad. Querer lo mismo es una buena base, pero no suficiente, también se necesita que esto sea efectivo, que funcione.

En Latinoamérica todavía estamos en una etapa básica en la forma en que nos gobernamos. En el dilema de la emoción versus la razón. Mientras los populistas de la región apelan a emociones arquetípicas como sobrevivencia, unión, seguridad, el pueblo, etc; los racionales sólo ponen prioridad en los números, sin considerar el valor las aspiraciones legítimas de la sociedad. Esta dicotomía genera una división artificial entre los anhelos legítimos de las personas y la eficiencia. Apelar sólo a la emocionalidad de la gente dista mucho de tener la capacidad para articular leyes o implementar soluciones efectivas. Así también, estamos frente a una era donde gobernar no es sólo administrar un país.

La tendencia a velar por el propio bolsillo en vez de por el bienestar común está ocurriendo incluso en las empresas del Estado, que generan ingresos que financian políticas públicas. Es por esto, que hoy más que nunca es necesario activar la conciencia social de construir soluciones en conjunto en el mundo público y privado, de no salvarse solo. De actuar con Inteligencia Colectiva.

Desde hace varios años hemos vivido la tendencia a rescatar el valor de lo individual, el valor de ser diferente. Pero sólo este enfoque no ha resultado efectivo para articular soluciones de manera colectiva. Todo indica que el próximo paso es movernos hacia la integración de procesos y la organización de las personas en relación a sistemas más complejos, que hagan que las cosas funcionen. En nuestro mismo país, por ejemplo, el rol de las asociaciones gremiales empresariales está empezando a tomar un nuevo giro. Podemos ver como los timoneles de la CPC y de la SOFOFA están empezando a articular un rol social de las empresas, que va más allá de solamente sus propios procesos productivos y comerciales.

El desafío está por verse, pero quienes quieran gobernar no solo deben exhortar los anhelos sociales, ni solamente fundamentar todo con los números, sino crear inteligencia colectiva.

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