Desafíos actuales para la Selección de Personas: de la arbitrariedad al rigor

14 enero, 2019 Columnas Escuela de Psicología

Ya no basta con la mera autoridad para sostener la legitimidad de un proceso de selección, sino que éste debe enmarcarse en principios de respeto por lo humano, de transparencia, de búsqueda de bienestar y además cumplir con una rigurosidad técnica anclada en las mejores prácticas de la profesión.

Siempre ha sido un factor crítico para las organizaciones el poder contar con personas adecuadas en cada uno de sus puestos de trabajo. Sin embargo, eso no implica que constantemente se hayan aplicado los mismos criterios a la hora de seleccionar personas para ellos, de tal manera que lo que en alguna época resultó válido puede que en otro momento ya no, según cómo hayan ido cambiando los criterios de legitimación.

Y si en la antigüedad se elegía líder al miembro más fuerte y agresivo de un clan -legitimando su acceso al poder sólo mediante el uso de la fuerza- en épocas modernas los criterios han cambiado, más bien sopesándose el mérito y las competencias para desempeñarse adecuadamente en los múltiples ámbitos de unas funciones que cada vez son más complejas.

En el contexto actual, con una sociedad cada vez más empoderada y donde el creciente acceso a la información ha posibilitado una mayor democratización de las decisiones, ya no basta con decidir entre cuatro paredes a quién se selecciona para qué posición. La arbitrariedad en la selección ya no se sostiene como práctica legítima y se hace necesario justificar mediante méritos la idoneidad de las personas. De hecho, hemos sido testigos últimamente de serios cuestionamientos ciudadanos respecto del mérito de ciertas designaciones de personas en cargos de instituciones públicas, haciendo en muchos casos insostenible su permanencia en dichas funciones.

Y este fenómeno será cada vez mayor en la medida en que las personas se sigan empoderando y haciendo valer su opinión y sus derechos. No sólo cuestionando las designaciones arbitrarias en el ámbito público, sino también criticando las posibles malas prácticas en el ámbito privado. Lo que inevitablemente terminaría minando la reputación de algunas organizaciones y dificultándoles acceder al talento que tanto requieren para poder competir.

De allí que si una organización pretende transitar por un rumbo viable en este contexto actual hay dos aspectos que no puede descuidar: el rigor con que toma sus decisiones en selección y la ética en la que se sustenta todo su proceso. Ya no basta con la mera autoridad para sostener la legitimidad de un proceso de selección, sino que éste debe enmarcarse en principios de respeto por lo humano, de transparencia, de búsqueda de bienestar y además cumplir con una rigurosidad técnica anclada en las mejores prácticas de la profesión. Aspectos en los que aún estamos muy al debe en nuestro país, tal como se ilustra en este excelente artículo sobre el reclutamiento y la selección en Chile.

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